Los recientes hallazgos de cocaína asociados a cargamentos de madera procedentes de Bolivia volvieron a colocar bajo la lupa las rutas tradicionales utilizadas por el crimen organizado para abastecer el mercado internacional
Las investigaciones abiertas en Chile parecían reforzar una idea instalada desde hace años: Que la principal atención debía seguir concentrada en los corredores del Pacífico. Sin embargo, semanas después, un nuevo hallazgo volvió a alterar el tablero.
La Operación Timber Shield, ejecutada por la Receita Federal de Brasil con apoyo de autoridades estadounidenses y bolivianas, llevó a la inmovilización de ocho camiones con unas 260 toneladas de madera en Corumbá, Mato Grosso do Sul, y en Cáceres, Mato Grosso. Los primeros análisis revelaron la presencia de cocaína y las autoridades brasileñas estimaron que la carga podría contener entre 20 y 50 toneladas de droga, una cifra sin precedentes en la historia reciente del país.
Por separado, ambos episodios podrían interpretarse como casos distintos. Pero juntos plantean una pregunta más amplia. Si se está estructurando un nuevo corredor del crimen organizado.
La pregunta no apunta hacia los puertos chilenos ni hacia la técnica utilizada para ocultar la cocaína. Tampoco busca instalar la idea de un nuevo corredor consolidado.
Mientras las autoridades y la atención pública permanecen concentradas en las rutas tradicionales, dos de los mayores hallazgos recientes de cocaína vinculada a cargamentos de madera terminan conduciendo, por distintas vías, hacia una misma región: el extremo norte amazónico boliviano.
Pando rara vez ocupa titulares nacionales. Es el departamento menos poblado del país y uno de los más alejados de los centros políticos y económicos. Históricamente, su condición fronteriza y sus dinámicas territoriales han permanecido prácticamente fuera de la conversación nacional.
Sin embargo, las investigaciones internacionales sobre crimen organizado suelen advertir que las nuevas fronteras criminales rara vez se desarrollan en los lugares más observados.
InSight Crime, Global Initiative Against Transnational Organized Crime, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito e International Crisis Group han documentado durante años una evolución en las estrategias de las organizaciones criminales. Ya no se trata solamente de mover cargamentos clandestinos.
Las redes buscan mezclarse con actividades legales, aprovechar cadenas logísticas, utilizar empresas, infiltrarse en corredores comerciales y beneficiarse de territorios donde coinciden baja presencia estatal, escasa vigilancia pública y procesos de integración económica.
Las investigaciones de Amazon Underworld sobre la Amazonía boliviana describen precisamente un territorio con esas características.
El proyecto periodístico internacional Amazon Underworld documentó pasos ilegales, tráfico de madera y la superposición entre distintas economías ilícitas en la frontera amazónica entre Bolivia y Perú. Los investigadores describieron una región históricamente periférica y poco observada, marcada por la amplitud de sus fronteras y las dificultades de control.
Nada de ello constituye una prueba de actividad criminal. Pero sí coincide con algunos de los factores que los especialistas consideran sensibles cuando estudian la expansión de las economías ilegales.
La pregunta adquiere una dimensión aún más compleja al observar las transformaciones que experimenta Pando. En los últimos años, el departamento ha comenzado una nueva etapa de integración económica y desarrollo.
La actualización del Plan de Uso del Suelo (PLUS) con horizonte hasta 2040, la eliminación de boletas de garantía para mercancías destinadas a la Zona Franca (Zofra) de Cobija, las facilidades para la importación de maquinaria y equipos productivos con arancel cero y el fortalecimiento de la integración con Brasil forman parte de una estrategia orientada a superar décadas de rezago económico. Se trata de medidas legítimas y necesarias para una región históricamente olvidada, pero las investigaciones internacionales muestran otra realidad.
Las organizaciones criminales modernas ya no necesitan únicamente pistas clandestinas y cargamentos ocultos. También buscan corredores logísticos, empresas, comercio exterior y actividades económicas capaces de transformar recursos ilícitos en dinero aparentemente limpio.
Los especialistas conocen desde hace décadas otro fenómeno recurrente, lo llaman «efecto globo». Cuando aumenta la presión sobre una ruta, las organizaciones criminales se desplazan y buscan nuevos espacios. La creciente atención sobre los corredores del Pacífico y la importancia cada vez mayor de los puertos brasileños para la salida de cocaína hacia Europa vuelven inevitable otra pregunta.
¿Podrían los cambios económicos y logísticos que experimenta el norte amazónico boliviano estar creando condiciones similares a las que, en otras regiones de América Latina, precedieron la expansión de nuevas economías criminales? La pregunta cobra especial relevancia en un departamento históricamente poco atendido, tanto en lo gubernamental como en lo comunicacional.
El abandono, la baja densidad poblacional, las limitaciones institucionales y la escasa atención mediática también forman parte de las vulnerabilidades descritas por organismos especializados en gobernanza criminal.
No existen pruebas públicas que permitan afirmar que Pando se haya convertido en un nuevo corredor, tampoco existe evidencia que permita sostener que las recientes operaciones detectadas en Chile y Brasil formen parte de una misma estructura, pero sí existe un hecho difícil de ignorar. Mientras las investigaciones sobre la droga asociada a cargamentos de madera continúan avanzando, las miradas vuelven una y otra vez hacia una región que rara vez ocupa la agenda nacional. Y quizá ahí radique la paradoja. Las nuevas fronteras del crimen organizado rara vez se anuncian cuando ya están consolidadas.
Una pregunta todavía abierta
Los recientes casos también abrieron otro debate. En Bolivia, representantes del sector forestal y especialistas vinculados a la industria maderera cuestionaron la posibilidad de que determinadas especies de madera dura absorban grandes cantidades de cocaína líquida debido a sus características físicas y a los procesos industriales a los que son sometidas.
Las dudas han llevado a otra interrogante. ¿Dónde se produjo realmente la contaminación de los cargamentos? Hasta ahora, las investigaciones públicas no han establecido ese punto.
Las recientes investigaciones en Perú, que derivaron en la captura de un presunto especialista en impregnación química de cocaína, recuerdan además que las cadenas criminales modernas funcionan a escala transnacional.
Además, aunque aún no se difundieron los detalles del hallazgo de droga en madera en Brasil, este domingo 21 de junio, ya se habla de droga líquida. Y aún falta saber de dónde prevenía la madera.

Crédito: Veja




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