Por: María Inés Guardia Balbontin
Hablar de sexualidad hoy en día lamentablemente sigue siendo un tabú, y un ejemplo es mencionar la sexualidad de las personas con síndrome de Down; hay mucho prejuicio y falacia. El prejuicio es una opinión preconcebida o negativa sobre algo, y la falacia es un razonamiento no válido, aquellos argumentos que parecen correctos a simple vista, pero que no lo son y que lamentablemente son formados por la falta de información sobre un tema.
No podemos negar que existen ciertas dificultades en la sexualidad de las personas con síndrome de Down, pero pueden revertirse con ayuda de los progenitores y de un(a) profesional en el área, capaces de abordar de forma integral la vida afectiva – sexual, dejando de lado mitos y fantasmas.
Lo ideal es que -desde la niñez- las personas con síndrome de Down tengan este tipo de educación integral. Estas personas, desde pequeñas, deben conocer sus cuerpos, entender las diferencias de género, estar informadas sobre los cambios a experimentar con el paso de los años, teniendo una información clara sobre las relaciones sexuales, métodos anticonceptivos, identidad, enamoramiento, etc.
Existe una sola sexualidad, no existe una sexualidad especial para un cromosoma 21. Ellos también son seres sexuados, igual que los demás, y tienen todo el derecho de explorarla y de sentir placer, por eso es imperativo desmitificar muchos temas y sobre todo dejar de infantilizarlos.
En terapia se puede evidenciar que muchos adolescentes con síndrome de Down no saben diferenciar entre hombre y mujer; plasman en el papel la figura femenina, pero le dibujan un pene. Debemos hablar sobre la identidad, afectividad, sexualidad, abordando todas las dimensiones, y dejar de profundizar tanto en la genitalidad. En las escuelas, la educación sexual la están centrando solo en este tema, como si la sexualidad solo fuera genital.
En todos estos años de experiencia pude darme cuenta que el mayor temor de los progenitores es que llegase a ocurrir un embarazo, y por eso optan en algunos casos por la anticoncepción quirúrgica (esterilización), pero sin consultar a la persona si ella estaba de acuerdo con esa decisión. En otras palabras, los padres recurren a este procedimiento sin consentimiento alguno, como si la persona no pudiera decidir, y una persona con síndrome de Down tiene toda la capacidad para elegir.
Y el otro temor de los padres es que sus hijos puedan ser víctimas de abuso sexual, pero en este tema, la sobreprotección interfiere demasiado con el desarrollo de una persona. Las situaciones de prohibición y restricción, como ocultar información, más bien ocasionan todo lo contrario. Más bien las personas con síndrome de Down deben recibir información y formación para identificar conductas de riesgo, decir que no, respetar y respetarse.
A muchas familias les da vergüenza hablar sobre sexualidad, les resulta complicado imaginar a sus hijos con curiosidad en esta área; sin embargo, educar no solo es trasmitir normas, pero también es dejar crecer.
En consultorio, la educación sexual dirigida a personas con síndrome de Down debe abarcar un amplio contenido y, como dije anteriormente, no centrarse solo en lo genital, para así contribuir al desarrollo de las otras habilidades socio – sexuales. Ellos sienten, se enamoran y pueden practicar su sexualidad de una manera responsable; para esto necesitan apoyo y acompañamiento, a fin de realizarse de la manera más plena. Lo que buscamos es que lleguen a ser adultos que se integren como cualquier otra persona a la sociedad.
Por último, todos somos seres sexuados, y la sexualidad no conoce de síndrome de Down, o de discapacidad cognitiva. Hay que desmitificar, hay muchas falacias, valoraciones cognitivas negativas de los progenitores ante el simple hecho de un hijo(a) se enamore, o quiera saber más sobre las relaciones sexuales.
Después habrá una segunda parte sobre la sexualidad en el síndrome de Down, y también hablaré sobre fertilidad.





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